Y
sin darme cuenta quien era la que allí venia
una
madre triste, llorosa y sombría
que
entre sus brazos una hija tenía
el
llanto apenas en la noche se oía.
Yo sin reconocerte enrumbe mis pasos
pero
el corazón mío muy fuerte latía
entonces
me dije - ¿de nuevo fracasos?
comprendí
entonces que por ti sufría
Yo al día siguiente ya sin
contenerme
tocaba
tu puerta esperando verte
y
fue una alegría que tú al hablarme
después
de tanto tiempo yo quise tenerte
Tu misma sonrisa y tú mismo encanto
entibio
mi alma de tanto sufrir
no
habitó el odio que era el gran miedo,
todo
era alegría, yo quise morir.
Fue un domingo entonces,
que
se abrió la puerta,
y
sin tener temor estuve a tu lado,
mirando
a tus ojos con la mente incierta.
Después de palabras y risas forzadas,
llegó
la tristeza a ensanchar tu rostro,
te
mire a los ojos y vi que tus lágrimas,
enjugaban
tu rostro sin pensar en el otro.
Y entre palabras cortas pudiste
decirme,
que
Dios así lo quiso para nuestras vidas,
llego
la noche y tuve que irme,
robándote
un beso y sangrando la herida.
No llores mi niña, mi amor, mi
ternura,
no
mires a nadie en busca de amor,
tu
alma serena, cariñosa y pura,
la
llevo muy dentro, que grande dolor.
Nací para amarte con distinta suerte,
viví
tras tus pasos y no te pude hallar,
hoy
solo y triste pensando en la muerte,
le
digo al Divino; Señor, con ella quiero
estar.
Pero que ha sucedido, si cuando te
llamo,
me
dices con pena, déjame vivir sola con este dolor,
entonces
comprendo lo mucho que te amo,
morir
a tu lado prefiero mi amor.

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