martes, 30 de junio de 2026

ENTRE SÁBANAS


Déjame abrir el corchete que sostiene tu encanto,
que está llegando la noche y nos viste de emoción;
no te pongas nerviosa, pues sabes que te amo tanto,
hoy estamos por fin solos, dueños del mismo rincón.
 
Estas sábanas son testigos de este fuego compartido,
se impregnan de caricias, de suspiros y de amor;
que abrazan nuestros cuerpos en un sueño prohibido,
mientras arde cada beso con su cálido fervor.
 
Voy a romper tu encaje con mi pasión encendida,
y así subiré a ese monte trepando por tus costillas,
mientras sostienes mi pecho con tu timidez erguida,
y tus dedos sobre mi espalda dibujando maravillas.
 
Déjame tocar esas caderas al ritmo de esa melodía,
cuando se trenzan nuestros labios llenos de ansiedad;
tus volcanes encendidos responden a mi osadía,
y el clímax de nuestros cuerpos nos colma de felicidad.
 
Quedan las sábanas blancas deshechas sobre la cama,
empapadas de caricias, de ternura y de pasión;
guardando el dulce secreto del incendio que nos llama,
cuando tu alma y la mía laten en un solo corazón.
 


lunes, 29 de junio de 2026

PADRE PESCADOR


 Padre, hombre de mar y de gran certeza,
de manos curtidas por el sol y la sal,
que enfrentaste tormentas con nobleza,
para llevar sustento y amor sin igual.
 
Mientras las olas cantaban su destino
y la noche cubría de estrellas el mar,
tú navegabas firme por tu camino,
sin rendirte jamás, sin volver a mirar.
 
En cada red lanzada con esperanza
iban también tu esfuerzo y tu valor,
en cada regreso al puerto de confianza,
llegaba contigo la fuerza del amor.
 
Hoy, en el Día del Padre, te agradezco
las enseñanzas que me supiste dar:
la honestidad, el trabajo y el respeto,
tesoros que nadie me podrá quitar.
 
Que Dios bendiga siempre tu vida,
noble pescador de inmenso corazón;
en las aguas dejaste tu huella querida,
y en mi alma sembraste tu mejor lección.
 
Por eso hoy, padre, junto a ti quisiera,
detener el tiempo y volver a caminar,
como cuando era niño por aquella ribera,
que guardo para siempre y no puedo olvidar.
 
Padre, hombre de mar y de gran certeza,
de manos curtidas por el sol y la sal,
que enfrentaste tormentas con nobleza,
para llevar sustento y amor sin igual.
 
Mientras las olas cantaban su destino
y la noche cubría de estrellas el mar,
tú navegabas firme por tu camino,
sin rendirte jamás, sin volver a mirar.
 
En cada red lanzada con esperanza
iban también tu esfuerzo y tu valor,
en cada regreso al puerto de confianza,
llegaba contigo la fuerza del amor.
 
Hoy, en el Día del Padre, te agradezco
las enseñanzas que me supiste dar:
la honestidad, el trabajo y el respeto,
tesoros que nadie me podrá quitar.
 
Que Dios bendiga siempre tu vida,
noble pescador de inmenso corazón;
en las aguas dejaste tu huella querida,
y en mi alma sembraste tu mejor lección.
 
Por eso hoy, padre, junto a ti quisiera,
detener el tiempo y volver a caminar,
como cuando era niño por aquella ribera,
que guardo para siempre y no puedo olvidar.
 

jueves, 18 de junio de 2026

¿QUÉ HICE YO? al Prof. Juan Gómez Enriquez




al Prof. Juan Gómez Enriquez
 
“¿Que hice yo?”, siempre te andas preguntando,
para recibir tantos halagos y tanto cariño;
han pasado muchos años y pudiste ser olvidado,
pero por nosotros pasaste días y noches de sacrificio.
 
Y te sigues preguntado: “¿Que hice yo, en tu vida?”,
si mi pasión fue tan solo dar todo de mí y educarte;
quizás quité aquella piedra, que pudo causarte una herida,
pero no merezco tanto, pues solo experiencias pude entregarte.
 
Déjame decirte maestro, que nunca fuiste olvidado;
aunque pasaron los años y te tuvimos ausente,
volvimos muchas veces al colegio, aquel hogar soñado,
buscándote siempre en sus aulas y ya no estabas presente.
 
Si supieras los recuerdos que han pasado por mi mente,
pero siempre vivió tu figura en mi memoria,
la de aquel maestro de cualidades diferentes,
por eso en nuestra vida ocupas un lugar de gloria.
 
Cuántos días tu matemática y tu algebra en mis oídos,
cuántas tardes, mirando el mar, venías a mi recuerdo,
muchas veces pensamos que tus pasos habíamos perdido,
pero hoy vuelvo a decirte que jamás fuiste olvidado.
 
Tus clases de aquellos años, siempre andarán en mi vida,
y por ellas estaré eternamente agradecido,
al volverte encontrar de nuevo, sanó aquella herida,
y le pido a Dios, maestro, que seas siempre bendecido.
 
Gracias, maestro, por tu cariño, por tu paciencia y tus lecciones,
porque nos enseñaste con el alma y con sentido;
tus alumnos de ayer, vivimos colmados de emociones,
y por eso tu ejemplo permanece siempre encendido.
 
Tu dedicación y tu compromiso nunca lo hemos olvidado;
por eso no te preguntes más: ¿Qué hice yo en sus vidas?,
recibe nuestro agradecimiento y considéralo aceptado,
mientras viva el recuerdo, tu huella seguirá encendida.
 
Lima 08/03/2019

 

A TI PROMOCIÓN 1975


Como ha transcurrido el tiempo tan de prisa,
son ya cincuenta años y seguimos haciendo historia,
hoy, al volver a este patio, nos llena de sonrisa,
porque llegan los recuerdos colmados de euforia.
 
Fuimos cinco aulas que vivimos en unión,
hoy somos viejos amigos del colegio del ayer;
Julio Orrillo del Águila se llama nuestra promoción,
cómo olvidar a quien nos enseñó el deber.
 
Al dejar este colegio se inició nuestra andadura,
fuimos abriendo caminos y sembrando derroteros,
por el mundo caminamos forjando nuestra aventura,
deseando siempre ser los mejores y los primeros.
 
Guardamos en la memoria a maestros y auxiliares,
porque con ellos iniciamos el camino en la vida;
siempre fueron sus lecciones nuestros mejores pilares,
para que en nuestro andar no encontráramos heridas.
 
Por eso hoy, sampedrano, nunca te des por vencido,
porque Dios desde el cielo nos seguirá bendiciendo;
naveguemos una vez más hacia el puerto querido,
y aunque ya estamos viejos, sigamos al colegio viniendo.
 
Este colegio querido vivirá en nuestro corazón,
porque en sus aulas inicié mi camino con atención;
compañeros hoy presentes, digamos con emoción:
siempre la S siempre la P, Sampedrano siempre soy.

26 junio 2017
 
 

A JULIO ORRILLO DEL ÁGUILA

 


Hoy a ustedes, mis amigos, yo me quiero presentar,
y decirles con firmeza, pues lo creo necesario:
al colegio, alma mater, no se puede olvidar,
esto es lema permanente al llegar su aniversario
 
Ha pasado tanto tiempo para ahora comprender,
que el “San Pedro” con sus aulas fue la cuna del saber,
donde a diario fui cumpliendo orgulloso mi deber,
es por eso que hoy regreso, con mis versos de ayer.
 
Julio Orrillo, gran maestro, de tus clases aprendí,
fuiste tú el gran baluarte, guía de mi promoción;
como alumno sampedrano, desde el día en que te vi,
la Promoción Setenta y Cinco te recuerda con emoción.
 
Aunque lejos te encuentres siempre vives muy presente,
bien recuerdo los desfiles cuando ibas adelante;
esas charlas que nos dabas fueron siempre francamente,
la enseñanza de un maestro noble, justo y brillante.
 
Julio Orrillo Del Águila, fuiste hombre de bondad,
en nuestra promoción por siempre estarás presente;
hoy por eso te nombramos todos con felicidad,
porque siempre fuiste ejemplo vivo y jamás estarás ausente.
 
Fuiste tú el gran soporte de quienes te conocimos,
nos dejaste tu ejemplo como ruta a seguir;
con fervor hoy te decimos, al mirar lo que vivimos,
que tu nombre en nuestra historia jamás podrá morir.





martes, 2 de junio de 2026

SI TE VOY A PERDER


Quiero decirte ahora que siempre te amaré,
y si el destino lo quiere en tu pecho viviré,
te amaré en silencio y a tu lado no estaré,
pues solo con la muerte de ti me olvidaré.
 
Porque toda la vida tú serás mi melodía,
como aquella estrella que nunca cogeré,
pero mientras tú existas será mi alegría,
pues no quiere dejarte y en mis sueños te tendré.
 
Pues tu nombre vive entre el viento susurrando,
y yo acostumbrándome a amarte así,
en mis sueños tus claros ojos voy mirando,
como la luna en la noche siento un frenesí.
 
Seguro estoy que nunca llegarás a ser mía,
aunque mi corazón insiste soñar contigo,
como le digo a mi mente lo que yo debería,
hacer en este momento por tu cruel castigo.
 
Amarte así, es ahora mi brutal condena,
es por el mucho tiempo una verdad callada,
no puedo hacer otra cosa y mi ser me ordena,
ámala en verdad como una mujer anhelada.
 
Aunque tú seas siempre ese amor imposible,
cada instante de mi vida, aunque te asombre,
siento que mi corazón se pone más sensible,
y si te voy a perder, lo haré gritando tu nombre.