viernes, 21 de agosto de 2026

ADIÓS, VIEJO GUERRERO DEL MAR

 
Este jueves partirás altivo, despidiéndote del mar,
después de tantos años defendiendo a la nación;
hoy tu historia de gloria comienza a descansar,
pero jamás se hundirá tu noble corazón.
 
Desde aquel lejano año, cuando izaste el pabellón,
surcaste nuestros mares con orgullo y gallardía;
llevando en cada travesía la bandera y la misión,
y sirviendo a nuestra patria con honor y valentía.
 
Fuiste escuela de marinos, compañero y centinela,
con “Lealtad y Coraje” navegaste sin temor;
cada ola que venciste fue testigo de tu estela,
cada puerto que tocaste conoció tu gran valor.
 
Hoy el mar abrirá sus brazos para darte su morada,
y te recibirán sus aguas como un viejo capitán;
no será una despedida, ni una historia terminada,
porque en la memoria del marino tus recuerdos vivirán.
 
Descansa, noble Carvajal, bajo el cielo peruano,
que tu nombre seguirá resonando junto al mar;
fuiste orgullo de la Armada y servidor de soberano,
y en la historia de un marino siempre habrás de navegar.
 
Cuando el sol sobre el Pacífico derrame su bendición,
cuando las olas de alta mar por última vez te vean pasar,
recordaremos tu valor, tu servicio, tu entrega en toda acción,
¡adiós, B.A.P. Carvajal, viejo guerrero del mar!
 
Callao, 20 agosto 2026
 
 

jueves, 20 de agosto de 2026

NOCHE DE PASIÓN Y ENTREGA dueto con Yasemin Casmin


Federico Mendo
Tendido sobre un piso frío, esperaba tu llegada,
las horas avanzaban y el tiempo transcurría,
mis neuronas se dormían yo los mantenía atada,
sentí pasos y al ver tu estela, yo me llené de alegría.
 
Yasemin Casmin
Yo iba engalanada a esa cita esperada,
era una noche especial para los dos,
fuego en la sangre, recorría en mis venas,
ansiosa por el momento de nuestro encuentro.
 
Federico Mendo
Tú llegaste con muchas ansias que las tenías guardada,
tiraste lejos mi abrigo y tú con una carcajada,
me dijiste ya es hora, quiero sentirme amada,
dame tus besos ahora, hazme sentir tu estocada.
 
Yasemin Casmin
Nos desvestimos de prisa, tú con esa lujuriosa sonrisa,
tanto me provocabas, cuando yo me acercaba,
era tu boca la que yo ansiaba, eran tus besos que yo quería
que me erizaran la piel, que tus manos me marcaran
cada parte de mi cuerpo,
hacerlo aquí o en la sala o tal vez en tu aposento,
era igual, solo quiera que me hagas tuya en ese momento.
 
Federico Mendo
Tus besos pronto estallaron queriéndome ahogar
tus manos me acariciaban que no podía soportar,
pues pronto me entregué no me podía negar,
pues pronto sentí tus gemidos y no te pude callar.
 
Yasemin Casmin
No podíamos parar, queríamos mucho más,
la entrega era total, de ti quería todo,
la danza del amor acoplaron nuestros cuerpos,
que, en cada movimiento, era hacernos explotar,
llegamos al éxtasis, entre gemidos, grité tu nombre
y contigo alcé el vuelo de esa pasión,
tan desenfrenada que había en los dos.
 
Federico Mendo
Por fin fuiste mía esa noche y me llenaste de placer,
tus dos flores exploraron mi pecho con emoción,
tus labios, tus manos, en mi ser quisieron perecer,
más fuerte fue la pasión que se quedó en mi corazón.
 
Autores:
Yasemin Casmin - León, Gto., México
Federico Mendo – Perú
D.R.A.
 

domingo, 16 de agosto de 2026

TÚ Y EL MAR

 


Sentada sobre las rocas, contemplas el inmenso mar,
con el viento entre tus rizos y el sol sobre tu piel;
parece que hasta las olas te quisieran abrazar,
mientras el cielo se viste de un azul suave y oropel.
 
Tu sonrisa tiene el brillo de una mañana de verano,
y en tus ojos se refleja la inmensidad del mar;
la brisa acaricia tu rostro con su mano de artesano,
y la naturaleza entera te va invitando a soñar.
 
Hay instantes que se quedan para siempre en la memoria,
como este hermoso paisaje que el tiempo no borrará;
una mujer, mar y cielo compartiendo la misma historia,
y una imagen que, al mirarla, el corazón recordará.
 
Entre espuma, sol y rocas se dibuja tu figura,
como un verso que la vida quiso escribir junto al mar;
hay belleza en tu presencia, natural y siempre pura,
y una paz en tu mirada que invita a contemplar.
 
Que las olas te susurren sus canciones de esperanza,
que la brisa te acompañe en tu dulce caminar;
jamás pierdas la dicha, la ilusión y la confianza,
ni esa hermosa primavera que llevas en tu mirar.
 
Y si algún día esta imagen vuelve a cruzar mi pensamiento,
recordaré aquel instante que te vi frente al azul del mar;
porque existen bellos momentos que no se los lleva el viento,
y este quedará en el recuerdo, cuando al mar venga a contemplar.



jueves, 13 de agosto de 2026

SE APAGO TU VOZ

 

En silencio hoy vuelvo tu nombre a pronunciar,
como quien busca una estrella en la eternidad,
pues siento que el tiempo avanza sin esperar,
pero tú sigues viviendo en mi alma de verdad.
 
Se apagó tu voz, pero los recuerdos se han quedado,
se cerraron tus ojos, más no la luz de existencia,
cada noche miro al cielo por si acaso me has mirado,
y un suspiro, al pasar una estrella, me silencia.
 
Quedaron pendientes tantos besos, tantas caricias,
tantos sueños que juntos quisimos realizar,
pero el destino te llevó lejos y yo, sin noticias,
solo le pido a Dios que te cuide en mi rezar.
 
A veces el viento escribe tu nombre como mucho arte,
y creo escuchar en mis noches tu caminar,
se emociona mi corazón el pensar en encontrarte,
porque tus recuerdos no me permiten olvidar.
 
No te digo adiós, porque nuestro amor fue verdadero,
y creo que ni la muerte nos podrá separar,
cada tarde voy al parque y allí solo te espero,
con la esperanza de que tú puedas llegar.
 
Y mientras tanto, tú vives en mis versos,
en cada lágrima que dejo al oír esa canción,
aunque tú vivas en el cielo, aún siento tus besos,
aunque tú ya no estés aquí, vives en mi corazón.

AÚN ESPERO TU LLEGADA


Siento suspiros del mar que mis pies vienen besando,
mientras la tarde se pierde vestida de soledad;
el frío de la noche ruge al verme triste y suspirando,
pues el reloj de mi destino va marcando la ansiedad.
 
Yo te busco presuroso como el río busca el mar,
y mis manos solo abrazan el vacío y la orfandad;
vivo siempre esperando que me vuelvas a encontrar,
aunque mi alma me susurre que acepte la verdad.
 
Tengo rasgada el alma desde el día de tu partida,
y mis lágrimas en silencio alimentan mi dolor;
sobre un banco de la plaza voy curando la herida,
esperando que regreses para aliviar mi corazón.
 
Dicen que morir amando es privilegio de valientes,
y los truenos de la tarde lloran junto a mi sufrir;
son tus besos y promesas los recuerdos más presentes,
que despiertan mis nostalgias cuando pienso solo en ti.
 
Aún espero tu llegada, pues mi alma desfallece,
cada noche sin tus brazos pierde toda su ilusión;
si regresas a mi vida, mi esperanza se estremece,
porque late con tu nombre para darte el corazón.
 
Si el destino se apiadara de este amante peregrino,
volvería a florecer solamente al encontrar tu mirada;
y sabrás que te sigo amando al recorrer mi camino,
por eso ahora te digo <<aún espero tu llegada>>.



 

lunes, 10 de agosto de 2026

NUESTRAS MIRADAS


Nuestras miradas se cruzaron cuando caía la tarde,
pues llegaba a tu puerto, cansado de navegar;
sin saber que en tus ojos había una pasión que arde,
yo seguí mi rumbo triste, sin poderlo imaginar.
 
Mi nave quedó anclada junto a tu hermoso puerto,
y yo, entre la nostalgia, caminaba en soledad;
tú estabas en la playa, con tu rostro descubierto,
y yo ignoraba entonces tu inmensa claridad.
 
Volvieron nuestras miradas, como dos luces errantes,
se encontraron en silencio, sin palabras que decir;
fueron dos almas viajeras, dos corazones amantes,
que en un instante supieron que habían vuelto a vivir.
 
No podía yo creer que el amor había llegado,
pues pensaba que en mi tierra solamente lo hallaría;
pero fue junto a tu puerto, donde quedé enamorado,
y tu dulce mirada cambió mi triste melancolía.
 
Desde aquel hermoso día, mi corazón piensa en ti,
y conservo aquel recuerdo de aquella tarde encantada;
nuestras miradas hablaron y se dijeron que sí,
aunque pronto me alejé, quedaste en mi alma grabada.
 
Hoy el mar sigue llevando mi recuerdo hacia tu orilla,
y quizás alguna tarde vuelva mi nave a tu puerto;
buscaré entre las estrellas aquella mirada sencilla
que convirtió aquel instante en un amor casi eterno.


EL AMOR QUE EL PUERTO ME REGALÓ



Te conocí frente al mar contemplando aquel puerto,
mientras el sol lentamente yo le veía pasar;
tu mirada se encontró con mi destino incierto,
y desde aquel momento mi corazón te empezó amar.
 
Vigilaba yo las aguas, mi orgullo y mi alegría;
las horas iban despacio sobre el muelle y frente al mar.
Me preguntaste mil cosas con tan dulce simpatía,
y tu nombre quedó escrito que nadie pudo borrar.
 
Me invitaste a tu casa al llegar el fin de semana,
pero mi desconfianza venció a mi corazón;
con tu sonrisa dijiste, tan amable y tan lozana:
«El domingo nos veremos», y acepté tu invitación.
 
Mas no llegó aquel encuentro; fue muy triste la espera.
Yo seguí otros caminos sin saber dónde encontrarte;
cada vez que al puerto volvía, con esperanza sincera,
era el mar quien escuchaba mis deseos de hallarte.
 
Pasó el tiempo, y el destino volvió a cruzar nuestra vida;
una tarde, en un autobús, sin pensarlo te encontré.
No te había reconocido, pero tú, con emoción sentida,
me dijiste: «Nunca pude olvidarme de usted».
 
Fue tan tierno aquel reencuentro que renació la ilusión;
los besos hablaron solos con su eterno resplandor.
Volví después a tu casa obedeciendo al corazón,
pero ya eras esposa y entregabas otro amor.
 
Hoy los años han pasado y somos dos seres extraños;
el destino abrió distancias que no pude recorrer.
Perdí para siempre el rumbo que seguían tus pasos,
pero vive en mi alma la dulzura de tu ser.
 
Si algún día, entre las olas, mi recuerdo va a buscarte,
sabrás que aún el puerto guarda intacta nuestra historia;
porque el tiempo no ha podido ni podrá jamás borrarte,
y vives como un faro encendido en mi memoria.


ESTA NOCHE, SERÁS MÍA


Esta noche, cuando estés frente a mi mirada,
no habrá palabras que puedan contenernos;
la luna será testigo, silenciosa y plateada,
de este deseo que ha vuelto a encendernos.
 
Un beso en tus labios despertará el deseo,
y otro más profundo hará temblar la emoción;
tu cuerpo junto al mío cumplirá nuestro anhelo,
mientras arde lentamente nuestra efímera pasión.
 
Quiero perderme en la dulzura de tu abrazo,
sentir tu aliento rozando la suavidad de mi piel;
acercarme a tus labios, despacio, paso a paso,
y descubrir contigo un placer más dulce y fiel.
 
Serás mi tentación bajo la luz de la luna,
yo seré ese deseo que no podrás ocultar;
y mientras nuestras miradas se confundan una a una,
dejaremos que la pasión nos enseñe a amar.
 
Esta noche no habrá miedo, distancia ni tampoco prudencia,
solo dos corazones buscando con pasión su verdad;
dejaremos que el deseo nos robe nuestra inocencia,
y que nuestros besos hablen llenos de felicidad.
 
Y cuando el alba nos encuentre todavía muy unidos,
con la luna a lo lejos escondiéndose lentamente,
quedarán nuestros deseos para siempre encendidos,
como un beso que recuerda este amor eternamente.

 

domingo, 2 de agosto de 2026

LA NOCHE QUE EL TIEMPO NO BORRÓ

 


Vestía el mar su manto de luceros,
y el puerto suspiraba junto a mí;
la vida nos unió siendo pasajeros,
sin imaginar cuánto eras para mí.
 
Llevaba en el uniforme mis anhelos,
la juventud latiendo en el timón;
tú llegaste a encender todos mis cielos,
con la dulce ternura de tu amor.
 
Fue muy breve nuestro dulce amorío,
como un velero besando el litoral;
pero dejaste mi pecho expuesto al frío,
con una huella eterna e inmortal.
 
Después siguieron rumbos diferentes,
el viento nos llevó por otro mar;
los años levantaron sus corrientes,
y nunca nos volvimos a encontrar.
 
Han transcurrido ya muchos inviernos,
tal vez ya no recuerdes mi existir;
pero guardo entre mis sueños más eternos,
aquella noche que a tu lado pude sonreír.
 
No sé si alguna tarde, en el ocaso,
mi nombre cruzará tu corazón;
yo seguiré cuidando, paso a paso,
aquel recuerdo lleno de ilusión.
 
Aunque el tiempo haya borrado tu memoria,
y la distancia nos negara otra ocasión,
nadie podrá arrancar de nuestra historia,
aquella inolvidable noche de pasión.


jueves, 30 de julio de 2026

PLEGARIAS EN UNA TAZA DE CAFÉ

 


La tarde vistió de sombras y así te recordaba,
mientras el viento, en silencio, tu nombre susurraba;
frente a mí, una vieja taza de café humeaba,
como si el fuego de tu amor aún en ella habitara.
 
Cada sorbo conservaba la dulzura de tus besos,
mezclada con la amargura que dejó el cruel olvido;
en su aroma renacían los más hondos embelesos,
de aquel amor que el destino ya lo dio por perdido.
 
Y así, entre el silencio, elevé una plegaria,
para que el cielo escuchara mi lamento y mi clamor;
pedí que tú volvieras con la aurora solitaria,
o arrancaras de mi pecho las raíces del amor.
 
Pero la respuesta llegó lenta y resignada,
como el café que se enfría sin razón;
entendí que toda promesa puede quedar quebrada, 
cuando se marcha para siempre el corazón.
 
Entonces brindé por aquel amor que nos dimos,
por las risas compartidas, los sueños y la ilusión;
porque quien ama no pierde lo que un día vivimos,
aunque le duela mucho aceptar la separación.
 
Y al beber la última gota de aquel café sin sabor,
dejé partir tu recuerdo sin guardar ningún rencor;
comprendí que, entre plegarias, nostalgias y desamor,
también florece la esperanza que llegará un nuevo amor.