Es verdad que he amado entre muchas
tempestades,
y también fui amado mirando morir el sol;
porque el amor llegó, igual que llegan los mares,
unas veces con calma... y otras veces con dolor.
Las estrellas siempre fueron mis fieles
compañeras,
de tantas noches de guardia bajo un cielo de cristal;
junto a la luna escucharon todas mis plegarias,
mientras confiaba mis sueños al inmenso mar.
Hoy te prometo que jamás dejaré de amar;
buscaré el puerto donde ancle mi corazón,
pero nunca me abandones si me ves naufragar,
porque solo en tus brazos encuentro salvación.
Aprendí que ningún viento derrota al marinero,
cuando el timón lo sostiene la fuerza del querer;
ni la tormenta más brava doblega al hombre sincero,
sabiendo que en algún puerto una mujer lo espera ver.
La brújula de mi vida siempre señalará tu
nombre,
aunque el horizonte parezca no tener final;
porque el amor verdadero jamás conoce distancia,
cuando dos almas navegan bajo un mismo ideal.
Y si la mar volviera a llamarme una mañana,
zarparé con la esperanza de poder regresar;
porque el puerto más divino no figura en las cartas,
solo vive en el corazón de quien sabe esperar.
Hoy comprendo que el amor también es una
travesía,
que exige fe, paciencia y un rumbo por seguir;
y mientras exista una estrella alumbrando la bahía,
habrá un marinero dispuesto a volver y sonreír.
y también fui amado mirando morir el sol;
porque el amor llegó, igual que llegan los mares,
unas veces con calma... y otras veces con dolor.
de tantas noches de guardia bajo un cielo de cristal;
junto a la luna escucharon todas mis plegarias,
mientras confiaba mis sueños al inmenso mar.
buscaré el puerto donde ancle mi corazón,
pero nunca me abandones si me ves naufragar,
porque solo en tus brazos encuentro salvación.
cuando el timón lo sostiene la fuerza del querer;
ni la tormenta más brava doblega al hombre sincero,
sabiendo que en algún puerto una mujer lo espera ver.
aunque el horizonte parezca no tener final;
porque el amor verdadero jamás conoce distancia,
cuando dos almas navegan bajo un mismo ideal.
zarparé con la esperanza de poder regresar;
porque el puerto más divino no figura en las cartas,
solo vive en el corazón de quien sabe esperar.
que exige fe, paciencia y un rumbo por seguir;
y mientras exista una estrella alumbrando la bahía,
habrá un marinero dispuesto a volver y sonreír.


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