domingo, 23 de agosto de 2026

VALIENTE PEREGRINO

Vas, valiente peregrino, tras las huellas del infortunio,
y la agridulce esperanza aún no llega al corazón;
vas sin rumbo ni destino, como invierno en pleno junio,
y buscas llegar a Dios implorándole perdón.
 
El cansancio agonizante ha hecho en ti su morada,
y tus fuerzas poco a poco se diluyen sin remedio;
la vida, con sus sorpresas, te habló de madrugada,
como olas de un mar que se pierden sin remedio.
 
Te quedas mirando el mar, esperando ya el ocaso,
contemplando cómo las olas quieren cubrir la ciudad;
pero no dejes que el miedo te conduzca al fracaso,
¡sé valiente, alza el vuelo y hallarás felicidad!
 
No todo está perdido: escucha el clamor de tu alma,
que cada nueva mañana te invita a resucitar;
mira al cielo, pues del cielo descienden gotas de calma,
no retrocedas, peregrino: ¡tu espíritu volverá a andar!
 
Cálmate entonces, ¡oh, valiente peregrino!,
dale voz a ese dolor que aún habita en tu vida;
pisa firme y, si hace falta, emprende un nuevo camino,
porque si no cambias hoy, seguirá abierta tu herida.
 
Y si alguna vez la noche te parece interminable,
y sientas que tus pasos ya no pueden avanzar,
recuerda que en tu pecho hay un fuego inquebrantable:
¡quien lucha por sus sueños siempre vuelve a caminar!


 

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