a: Benny Coveñas Ancajima
Fue
una tarde de febrero
cuando
yo te conocí;
caminaba
como un forastero
hasta
que en una tienda te vi.
Tu
sonrisa me cautivó
y me
llenó de emoción;
desde
entonces solo por ti vivo,
pues
eres fuente de inspiración.
Ya
no sé lo que compré,
pues
me llevé tu alegría;
aunque
mi corazón hoy sufre,
eres
mi sueño cada día.
En
tu alegre conversar
encontré
la dicha perdida;
ya
no me quise alejar,
pero
llegó la despedida.
Hoy
que lejos tú te encuentras
y
tan distante de mí,
una
llamada no me basta,
porque
no sé vivir sin ti.
Eres
tú mi gran encanto,
eres
toda mi ilusión;
mis
ojos viven en llanto,
y tú
habitas mi corazón.
Nunca
me faltes, mujer,
que
el tiempo pasa de prisa;
no
hallaré otro querer,
ni
otra mujer con tu sonrisa.
Catacaos,
17/2/2006
