Padre, hombre de mar y de gran
certeza,
de manos curtidas por el sol y la sal,
que enfrentaste tormentas con nobleza,
para llevar sustento y amor sin igual.
Mientras las olas cantaban su
destino
y la noche cubría de estrellas el mar,
tú navegabas firme por tu camino,
sin rendirte jamás, sin volver a mirar.
En cada red lanzada con esperanza
iban también tu esfuerzo y tu valor,
en cada regreso al puerto de confianza,
llegaba contigo la fuerza del amor.
Hoy, en el Día del Padre, te
agradezco
las enseñanzas que me supiste dar:
la honestidad, el trabajo y el respeto,
tesoros que nadie me podrá quitar.
Que Dios bendiga siempre tu vida,
noble pescador de inmenso corazón;
en las aguas dejaste tu huella querida,
y en mi alma sembraste tu mejor lección.
Por eso hoy, padre, junto a ti
quisiera,
detener el tiempo y volver a caminar,
como cuando era niño por aquella ribera,
que guardo para siempre y no puedo olvidar.
Padre, hombre de mar y de gran
certeza,
de manos curtidas por el sol y la sal,
que enfrentaste tormentas con nobleza,
para llevar sustento y amor sin igual.
Mientras las olas cantaban su
destino
y la noche cubría de estrellas el mar,
tú navegabas firme por tu camino,
sin rendirte jamás, sin volver a mirar.
En cada red lanzada con esperanza
iban también tu esfuerzo y tu valor,
en cada regreso al puerto de confianza,
llegaba contigo la fuerza del amor.
Hoy, en el Día del Padre, te
agradezco
las enseñanzas que me supiste dar:
la honestidad, el trabajo y el respeto,
tesoros que nadie me podrá quitar.
Que Dios bendiga siempre tu vida,
noble pescador de inmenso corazón;
en las aguas dejaste tu huella querida,
y en mi alma sembraste tu mejor lección.
Por eso hoy, padre, junto a ti
quisiera,
detener el tiempo y volver a caminar,
como cuando era niño por aquella ribera,
que guardo para siempre y no puedo olvidar.
de manos curtidas por el sol y la sal,
que enfrentaste tormentas con nobleza,
para llevar sustento y amor sin igual.
y la noche cubría de estrellas el mar,
tú navegabas firme por tu camino,
sin rendirte jamás, sin volver a mirar.
iban también tu esfuerzo y tu valor,
en cada regreso al puerto de confianza,
llegaba contigo la fuerza del amor.
las enseñanzas que me supiste dar:
la honestidad, el trabajo y el respeto,
tesoros que nadie me podrá quitar.
noble pescador de inmenso corazón;
en las aguas dejaste tu huella querida,
y en mi alma sembraste tu mejor lección.
detener el tiempo y volver a caminar,
como cuando era niño por aquella ribera,
que guardo para siempre y no puedo olvidar.
de manos curtidas por el sol y la sal,
que enfrentaste tormentas con nobleza,
para llevar sustento y amor sin igual.
y la noche cubría de estrellas el mar,
tú navegabas firme por tu camino,
sin rendirte jamás, sin volver a mirar.
iban también tu esfuerzo y tu valor,
en cada regreso al puerto de confianza,
llegaba contigo la fuerza del amor.
las enseñanzas que me supiste dar:
la honestidad, el trabajo y el respeto,
tesoros que nadie me podrá quitar.
noble pescador de inmenso corazón;
en las aguas dejaste tu huella querida,
y en mi alma sembraste tu mejor lección.
detener el tiempo y volver a caminar,
como cuando era niño por aquella ribera,
que guardo para siempre y no puedo olvidar.


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