al Prof. Juan Gómez Enriquez
“¿Que hice yo?”, siempre te andas preguntando,
para recibir tantos halagos y tanto cariño;
han pasado muchos años y pudiste ser olvidado,
pero por nosotros pasaste días y noches de sacrificio.
Y te sigues preguntado: “¿Que hice yo, en tu vida?”,
si mi pasión fue tan solo dar todo de mí y educarte;
quizás quité aquella piedra, que pudo causarte una herida,
pero no merezco tanto, pues solo experiencias pude entregarte.
Déjame decirte maestro, que nunca fuiste olvidado;
aunque pasaron los años y te tuvimos ausente,
volvimos muchas veces al colegio, aquel hogar soñado,
buscándote siempre en sus aulas y ya no estabas presente.
Si supieras los recuerdos que han pasado por mi mente,
pero siempre vivió tu figura en mi memoria,
la de aquel maestro de cualidades diferentes,
por eso en nuestra vida ocupas un lugar de gloria.
Cuántos días tu matemática y tu algebra en mis oídos,
cuántas tardes, mirando el mar, venías a mi recuerdo,
muchas veces pensamos que tus pasos habíamos perdido,
pero hoy vuelvo a decirte que jamás fuiste olvidado.
Tus clases de aquellos años, siempre andarán en mi vida,
y por ellas estaré eternamente agradecido,
al volverte encontrar de nuevo, sanó aquella herida,
y le pido a Dios, maestro, que seas siempre bendecido.
Gracias, maestro, por tu cariño, por tu paciencia y tus lecciones,
porque nos enseñaste con el alma y con sentido;
tus alumnos de ayer, vivimos colmados de emociones,
y por eso tu ejemplo permanece siempre encendido.
Tu dedicación y tu compromiso nunca lo hemos olvidado;
por eso no te preguntes más: ¿Qué hice yo en sus vidas?,
mientras viva el recuerdo, tu huella seguirá encendida.
Lima 08/03/2019


No hay comentarios.:
Publicar un comentario