Allá, en Seúl,
encontraron la gloria,
mujeres peruanas de corazón de oro;
escribieron con coraje nuestra historia
y al Perú lo cubrieron de decoro.
¡Cuántos momentos dejó de latir mi pecho,
cuánta alegría por un nuevo punto!
Junto a Gaby, Cenaida y Denisse,
fueron grandes entre las grandes, todas juntas.
Junto a Cecilia, Natalia y Gina,
junto a Rosa García, nuestra capitana,
con Miriam, Luisa, Sonia y Alejandra,
hicieron vibrar al Perú cada mañana.
Katherine, con su fuerza y valentía,
completó aquel equipo de esperanza;
y Man Bok Park, con sabia maestría,
las condujo hasta la gloria y la confianza.
Hoy, al verlas llegar, mis ojos se empañan
y una lágrima recorre mi alegría;
al recordar sus gestas que aún nos bañan,
le doy gracias a Dios por aquel día.
Que aquellas lágrimas vertidas allá lejos
no marchiten jamás su noble corazón;
que su coraje siga dando ejemplos
de pundonor, de entrega y de pasión.
¡Oh, noble juventud, oh, bellas muchachas,
que llenaron de alegría nuestra patria!
Reciban el cariño que hoy les abraza
del pueblo que las lleva en su memoria.
No olviden, muchachas, que desde la gloria
las contempla el Perú con emoción;
ustedes escribieron nuestra historia
con esfuerzo, con coraje y corazón.
Muchachas peruanas de suelo profundo,
tierra de Micaela y María Parado de Bellido,
con su garra conquistaron al mundo
y dejaron al Perú su sueño muy claro.
Y aunque la de plata brilló sobre su pecho,
para nosotros fue un oro sin igual;
porque hicieron de aquel sueño un hecho
y elevaron nuestra bandera hasta lo inmortal.
Hoy les digo, muchachas, con orgullo sincero:
ustedes son leyenda, grandeza y tradición;
para el Perú serán siempre “Chicas de Oro”,
y vivirán por siempre dentro del corazón.
29/9/1988
mujeres peruanas de corazón de oro;
escribieron con coraje nuestra historia
y al Perú lo cubrieron de decoro.
¡Cuántos momentos dejó de latir mi pecho,
cuánta alegría por un nuevo punto!
Junto a Gaby, Cenaida y Denisse,
fueron grandes entre las grandes, todas juntas.
Junto a Cecilia, Natalia y Gina,
junto a Rosa García, nuestra capitana,
con Miriam, Luisa, Sonia y Alejandra,
hicieron vibrar al Perú cada mañana.
Katherine, con su fuerza y valentía,
completó aquel equipo de esperanza;
y Man Bok Park, con sabia maestría,
las condujo hasta la gloria y la confianza.
Hoy, al verlas llegar, mis ojos se empañan
y una lágrima recorre mi alegría;
al recordar sus gestas que aún nos bañan,
le doy gracias a Dios por aquel día.
Que aquellas lágrimas vertidas allá lejos
no marchiten jamás su noble corazón;
que su coraje siga dando ejemplos
de pundonor, de entrega y de pasión.
¡Oh, noble juventud, oh, bellas muchachas,
que llenaron de alegría nuestra patria!
Reciban el cariño que hoy les abraza
del pueblo que las lleva en su memoria.
No olviden, muchachas, que desde la gloria
las contempla el Perú con emoción;
ustedes escribieron nuestra historia
con esfuerzo, con coraje y corazón.
Muchachas peruanas de suelo profundo,
tierra de Micaela y María Parado de Bellido,
con su garra conquistaron al mundo
y dejaron al Perú su sueño muy claro.
Y aunque la de plata brilló sobre su pecho,
para nosotros fue un oro sin igual;
porque hicieron de aquel sueño un hecho
y elevaron nuestra bandera hasta lo inmortal.
Hoy les digo, muchachas, con orgullo sincero:
ustedes son leyenda, grandeza y tradición;
para el Perú serán siempre “Chicas de Oro”,
y vivirán por siempre dentro del corazón.
29/9/1988


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