miércoles, 16 de septiembre de 2015

MARINERO DE SUEÑOS

Llegaste a mi puerto una tarde de verano,
con la piel curtida por el viento y por la mar;
me dijiste: «Elegí este rumbo soberano,
porque nací con el destino de navegar».
 
Me hablaste de travesías, de tormentas y de calma,
de noches infinitas bajo un cielo de cristal;
dejaste a tu familia, pero nunca dejaste el alma,
porque un buen marinero siempre regresa al hogar.
 
Hoy fondeaste tu nave en el puerto de mi vida,
y echaste el ancla en mi pobre corazón;
desde entonces mi esperanza quedó prendida
al timón de tu más dulce y bella ilusión.
 
Hoy en tus brazos de sal me siento protegida,
como un velero que encontró puerto seguro;
marinero de sueños, eres toda mi vida,
y en tus besos descubrí mi mejor futuro.
 
—Es imposible —me dices— seguir este camino;
la mar reclama siempre mi deber y mi lealtad.
Pero mis manos se aferran con ternura a tu destino,
porque sin tu compañía no hallaré la verdad.
 
Marinero de sueños, de esperanza y de bonanza,
¿en cuántos puertos dejaste un recuerdo al partir?
Aunque después del temporal siempre vuelve la calma,
sé que al amanecer tendrás que volver a partir.
 
Pero no zarparás llevando solamente tu equipaje;
también viajarán contigo mis besos y mi canción.
Y cuando la luna alumbre tu llegará mi mensaje,
donde mi amor será el faro que guíe tu corazón.


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