sábado, 5 de septiembre de 2015

MARINERO DE AMOR


Dicen que el marinero no conoce el amor,
porque la mar le endurece la piel y el semblante;
mas lleva un corazón de noble resplandor,
que late por quien espera su regreso constante.
 
Creció abrazado al rumor de la mar infinita,
con el viento salobre acariciando su piel;
aprendió que cada ola una esperanza recita
y que todo buen puerto lleva un nombre de mujer.
 
¡Cuántas navegaciones guardan mis desvelos!,
¡cuántos horizontes contemplé al navegar!;
las gaviotas llevaron mis más hondos anhelos
y las estrellas fueron mi faro sobre la mar.
 
La brújula marcaba el rumbo de mi nave,
pero mi pensamiento siempre volvía a ti;
ningún temporal logró cambiar la clave
del puerto donde un día prometí regresar.
 
Mi ancla quedó prendida en tus ojos serenos,
cómo queda la luna dormida sobre la mar;
y aunque crucé océanos inmensos y ajenos,
jamás otro horizonte te pudo reemplazar.
 
Pero la mar es celosa y reclama al marinero,
lo llama con sus vientos y su inmensidad;
él besa unos labios... y vuelve al derrotero,
dejando media alma navegando en la ciudad.
 
Si alguna vez preguntan cómo ama un marinero,
responde que su amor no conoce falsedad;
es firme como el ancla, constante como el lucero,
y tan profundo como la inmensidad de la mar.
 
Porque el puerto más hermoso no figura en los mapas,
ni la brújula lo encuentra por simple orientación;
vive donde una mujer, entre sus sueños, aguarda
el regreso del marino que le entregó el corazón.
 

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