viernes, 20 de agosto de 2010

NO HAS MUERTO ... VIVES EN MÍ




Fue un sábado cuando adiós dijiste
a esta vida, y tus ojos se cerraron;
la luz de tu rostro muy pronto lo perdiste,
tu alma al cielo voló... y todos lloraron.
 
Dejaste esta tierra tan dura y silenciosa,
que pocas veces supo llenarte de ternura;
te marchaste al cielo como una hermosa diosa,
porque tu corazón rebosaba de dulzura.
 
La vida es distinta desde tu partida;
tantos momentos vuelven a mi mente.
Tu ausencia dejó una profunda herida
que aún desangra mi alma lentamente.
 
Te fuiste llevando la promesa aquella;
mis labios te llaman con inmensa ansiedad.
Recuerdo tu dulzura, tan noble y tan bella,
y aquellas noches de amor y complicidad.
 
Hoy que estás tan lejos y no puedo tenerte,
ni sentir tus caricias ni tus tibios besos,
cada nuevo amanecer vuelvo a quererte,
y por ti mis noches se llenan de rezos.
 
Hoy descansas en paz; terminó tu dolor,
pero el mío aún vive en el corazón.
Tú fuiste mi sueño, mi eterno gran amor;
bendíceme siempre desde tu mansión.
 
No creo que hayas muerto; solo cambiaste el puerto,
porque el amor jamás conoce el final.
Vives en cada recuerdo que llevo despierto,
como una estrella encendida en mi cielo inmortal.
 
Cuando el viento acaricia las flores del camino,
siento que vienes despacio para volverme a abrazar;
entonces comprendo que el amor es destino:
quien ama con el alma nunca deja de amar.

11 MARZO 2006


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