Mar chalaco, qué solemne, noche y día la cuidaba,
del marino en su servicio, era grata compañía,
y por cosas no sabidas, todo el día allí estaba,
ella a todos por su nombre u apodo conocía
Erika era su nombre, todo el mundo la llamaba
también era "tripulante”, una más de la marina,
que la noche calentaba y decía que te amaba.
grandes, chicos, gordos, flacos, con cariño les hablaba,
nadie pudo interponerse en lo que eran sus caminos,
les gritaba con palabras que quemaban como lava.
plaza Grau o el muelle e’ guerra, son testigos de mil hechos,
junto a Erika tuvieron lo que de ella imaginaban,
generaban los espacios que sirvieran como lechos.
que tuvieron cierto día algún tipo de experiencia
con aquella "marinera" contemplando algún solsticio,
rememoran lo ocurrido, vaya qué tal ocurrencia.
hoy sólo queda su recuerdo y los buques en bahía,
ella se marchó algún día y en su corazón anida,
los "amores" qué furtivos le alegraron cada día.




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